domingo, 1 de marzo de 2015

Abel Tasman

Sábado 07/02/15 y domingo 08/02/15

La de hoy vuelve a ser etapa de carretera. Hay unas 6 horas hasta llegar al parque natural de Abel Tasman. Madrugamos bastante y a las 7 ya estábamos en ruta. Tengo que decir que a pesar de que me encanta conducir y siempre estamos peleándonos por coger el coche aquí los más de 4000 kms que llevamos los ha hecho Jesús porque a mí no me mola eso de ir por la izquierda y menos en algunas carreteras chungas. Pero llegó el momento de quitarse el miedo y medio obligada cogí el volante. Al principio iba acojonadilla pero después de un rato le pillé el gustillo.



Sobre las 5 llegamos a Marahau, la población más cercana al parque. El pueblo como siempre son varias casas desperdigadas y poco más. Eso sí tienen una playa espectacular, vamos aquí ni los que veranean en Benidorm tienen narices de ocupar toda la arena. 
El atardecer fue precioso, la marea baja más de 4 metros y  puedes ver un montón de almejas y estrellas de mar en la arena. Nos llamó la atención un grupo de locales cogiendo unos almejotes enoooormes para cenar esa noche. A mí se me hizo la boca agua pensando en cómo estarían con su ajito y su perejil...





Al día siguiente nos tocaba ponernos a prueba de nuevo. Dicen que pasear por este parque natural es una de las cosas que no debes perderte y realmente tiene zonas preciosas. Al encontrarse en la costa una de las cosas que se suele hacer es coger un taxi acuático que te deja en una de las playas y luego vuelves caminando. Y eso es lo que hicimos. Nos llevaron hasta Barck Bay y a recorrer los 25 kms de vuelta. 




Excepto algunas cuestecillas bastante empinadas, el 75% del camino es relativamente llano. Vamos, que siendo más o menos la misma distancia que el Tongariro nos costó lucha menos.

Ibas pasando por diferentes playas, hasta ahora las más factibles para un buen baño. Pero a pesar de llevar el bañador como hacía viento y luego había que seguir caminando nos rajamos. De todos modos nos lo tomamos con calma y fuimos parando en las playas que molaban a disfrutar del paisaje.





Después de unas 9 horas entre unas cosas y otras llegamos al final. 




Tremenda jornada se mereció un par de jarras de cerveza que sentaron de miedo. También fue un momento curioso. Como el pueblo es tan pequeño no había mucho donde elegir así que nos quedamos en una terracita muy agradable y de repente me vi desde fuera...
Llevamos casi dos meses con nuestras mochilas, ropa viejecilla, lo más que me arreglo es el flequillo con la plancha de viaje de mi estimable Vanesa, sin saber qué día es ni qué pasa en el mundo, resumiendo: en un "papel" diferente al de mi día a día. Y allí estábamos dos zarrapastrosillos con nuestras birras, sudados y cansados frente a unas cuantas parejas de diferentes edades disfrutando de una  buena cena con su vino, su compostura y oliendo bien. Y sonreí. Sí, porque me siento una afortunada por tener la oportunidad de vivir tantas vidas y disfrutar de todas ellas, con sus más y con sus menos. Así de agustito acabamos el día.


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