Hace tan solo unos días que ya no está con nosotros y su ausencia es un vacío enorme, porque desde la discreción más absoluta era capaz de tenernos a todos contentos y unidos. Sabía lo que cada uno necesitábamos en cada momento y se desvivía para que lo tuviéramos.
Nunca ponía una mala cara, todo le iba bien, su objetivo era que el que estuviese a su lado fuera feliz. Y lo conseguía. Así de simple, así de difícil, así de grande era ella.
Ahora estás allí arriba, junto a mis padres, hermano, tíos, abuelos y un montón de gente a la que quiero y que ya no estáis. Y al igual que hago con ellos a ti también te seguiré contando lo que nos pasa a los que aún estamos en la tierra y que tarde o temprano nos iremos con vosotros.
Gracias por todos los buenos momentos que nos has dado, por habernos enseñado tanto y por ser un ejemplo de mujer luchadora hasta el final.

























