Jueves 05/02/15 y viernes 06/02/15
Llevamos ya recorridos más de 4000 kilómetros. La siguiente parada en nuestro ascenso de la isla sur por el oeste son los glaciares de Fox y Franz Josef.
El primero ha sido bofetada el la cara. Lluvia sin parar las tres horas y pico de ruta y cuando llegamos decidimos bajarnos a pesar del agua para verlo. Tras quince minutos andando bajo la lluvia nos encontramos un cartel de los forestales diciendo que no se puede avanzar más. Así que lo vimos tan solo de refiloncillo.
Llevamos ya recorridos más de 4000 kilómetros. La siguiente parada en nuestro ascenso de la isla sur por el oeste son los glaciares de Fox y Franz Josef.
El primero ha sido bofetada el la cara. Lluvia sin parar las tres horas y pico de ruta y cuando llegamos decidimos bajarnos a pesar del agua para verlo. Tras quince minutos andando bajo la lluvia nos encontramos un cartel de los forestales diciendo que no se puede avanzar más. Así que lo vimos tan solo de refiloncillo.
Con este panorama nos fuimos a Franz Josef donde teníamos el alojamiento y como seguía lloviendo aprovechamos que había un ordenador con internet para vaciar los móviles de fotos y actualizar el blog. Pero claro, no éramos los únicos encerrados en el hostal así que tras crear una cola no pudimos seguir subiendo más posts.
Al día siguiente nuestra habitual suerte nos acompañó y amaneció con un radiante sol. Lo primero fue visitar el glaciar de Franz Josef. Su nombre se debe a que el primero que lo subió fue un austriaco y le puso el nombre del emperador de su país.
Aunque está bastante retirado no deja de impresionarte esos mazacotes de nieve, claro yo no tengo el nivel tan alto como Jesús que se pateó el Perito Moreno, creo que esas imágenes las tenemos todos clavadas.
De ahí nos fuimos a hacer unas cuantas excursiones más y acabamos metidos en una cueva minera. Ahí estábamos los dos espeleólogos. En la entrada decía que te podías mojar los pies... Muy valientes nos pusimos los chubasqueros, las luces y pa'dentro.
Al principio era relativamente sencillo esquivar el riachuelo que transcurría por el medio (hacía un palmo de profundidad más o menos), pero a medida que avanzábamos era más ancho y las piernas ya no daban más entre roca y roca. Tampoco teníamos claro si había final o había que dar la vuelta... Después de una media hora vimos la luz, pero al salir decía que había que dar media vuelta!!! Así que con nuestras manos doloridas de apoyarnos en las rocas y las piernas cansadas por todo lo acumulado decidimos remojar las botas y tirar por el camino de en medio. Mucho más fácil y por suerte las botas acabaron caladas pero no empapadas.
Aún así decidimos que por hoy las aventuras se habían acabado.








No hay comentarios:
Publicar un comentario