Después del relax total de Tailandia volvemos a Malasia. El día comenzó con meneíto. Está claro que en este viaje por H o por B no hay vez que nos montemos en una barca que acabemos empapados. Por experiencia sabíamos que los barcos-taxis eran refrescantes pero la vuelta a Koh Lipe fue de remojón absoluto. Entre que el mar que andaba revuelto, que fitipaldi era el que llevaba la barca y que dio toda la vuelta a la isla para dejarnos llegamos chorreandito. Suerte que una es previsible (verdad ciquitraques?) y le puse la funda a la mochila pero no fue suficiente.
Una vez allí pasamos la mañana leyendo en la playa, acabamos los bahts que nos quedaban y a pasar de nuevo el calvario de la desorganización de los pasaportes. Si en la llegada flipamos con el embarcadero flotante, a la vuelta nos lo pusieron más difícil: había que meterse en el ferry saltando directamente desde la barca con dos tipos que te cogían en el aire. Pasado este trago nos quedaba aún un rato de bailecito en el ferry porque cuatro rusos no habían pasado por el señor de inmigración. No comments.
Ya en Langkawi confirmamos por teléfono la reserva de un hostal que habíamos medio apalabrado antes de irnos. El sitio era de mochileros auténticos y el dueño un hippy muy particular. Para poder pagarle uno de los chicos que trabaja para él nos llevó en moto a su bar en la playa y después de hartarnos de cervezas, de pescado a la brasa,de reírnos con los otros viajeros y apañarnos un transporte para que nos llevara al aeropuerto a las 7 de la mañana, conseguimos saldar cuentas.
La habitación era decentilla si no fuera por el pelotón de mosquitos que nos atacó y porque al estar al lado de una mezquita teníamos hilo musical contínuo. Aún así, el sitio para una noche mereció la pena.
Domingo 11/01/15
Llegamos al tercer país: Singapur. Cómo no somos supersticiosos cogimos mismo destino y misma compañía que el vuelo siniestrado un par de semanas atrás. Todo perfecto, por 34€ los dos -mochilas facturadas incluídas- a las 11 de la mañana estábamos allí.
Tengo que confesar que después de casi un mes de mochilera por el sudeste asíatico cada vez tengo más pinta de perroflauta. Eso en Malasia es integración pero en Singapur no y por ello en el aeropuerto ya me llevé unas cuantas miradas. Vaaaaleee, reconozco que rociarme con mi perfume en el duty free y salir del baño loca de alegría porque por fin entraba en uno que estaba impecable y olía a limpio no ayudó. Singapur es otro mundo.







Si es que un baño limpio es un baño limpio en España y en Singapur!!!! Agradezcamos a los dioses los pequeños favores...!
ResponderEliminarp.e.- Me pongo a mirar el mapa haciendo el itinerario de ciudades y países y me lío más que un ovillo en manos de un gato!!!! Ánimo, de esta salís para asesores de inmigración en el aeropuerto del prat !!!!